A mí lo que me aburre de comer pescado es tener que cocinarlo. Hay que limpiarlo, hay que darle un corte distinto para cada receta, la cocina queda apestando… En fin.
El otro tema es que, a menos que comas pescado a la orilla del mar, el pescado termina dejándote con hambre. Mientras más tiempo lleve congelado, menos satisface. Además de que va perdiendo sus características como el delicado sabor (a algunos se les acentúa con el tiempo, y no de una manera agaradable) y la consistencia (déjalo en el congelador un tiempo y verás que al cocinarlo se deshace, repito, no de una manera agradable).
La Galera ofrecía churrascos sabrosos, pero con el tiempo no sólo se hacía más difícil encontrar sus productos en el supermercado, sino que además empecé a sentir que la calidad no era la misma. Eso y el hecho de que no les perdono haber quitado los bocaditos de pescado tan ricos que hacían, esos que parecían unos nuggets pero de pescado blanco.
Pero desde que compro pescadito en Fresh Fish Delivery me volví a enamorar del pescado. Tienen todo tipo de pescado, hay camarones, langostinos, ensaladas de pulpo bebé, salsas y un montón de delicateses que son irresistibles. Es divino entrar a una tienda y que en realidad haya mercancía, sobre todo ahora que el desabastecimiento hace de las suyas en los supermercados de este país.
El trato es amable: super rápido, siempre están pendientes de recomendarte con qué acompañar tu pescado, cómo prepararlo o cuál es el mejor corte para la receta que tienes en mente.
Las mayonesas de ajoporro y cebollín, la de ajonjolí (esas dos son mis preferidas) y la de curry son perfectas para todo: un sandwich, un carpaccio, el atún abarasado… Y hablando de atún abrasado: ¡tienen el mejor de Caracas! Siempre en su punto, fresco, delicioso y además te lo pueden cortar de una vez y prepararte una bandejita que puedes servir directamente en una cena informal o fiesta.
Sí, bueno, no regalan las cosas… pero con todo lo que ofrecen me parece que los precios son más que justos, el sitio limpiecito, los pescados empacados al vacío, todo muy higiénico, fresco y delicioso.
He visto que si congelo este pescado, al cocinarlo no es el desastre que conseguía antes: el sabor casi intacto, la consistencia es maravillosa (eso me importa especialmente con el dorado, que es mi pescado preferido porque su consistencia es durita) y cero mal olor, lo que me dice que no lo tuvieron congelado en sus neveras mucho tiempo antes de vendérmelo. O sea, ¡frescura!
A mí me encanta y lo recomiendo.