Cuando la noticia apareció en Facebook, nadie lo podía creer: Andrés López anunciaba su gira por Latinoamerica y, después de tanto esperar (a esta fecha la hemos visto en casa más de 40 veces), esta vez le tocaría a Venezuela ser testigo de La Pelota de Letras.
Compramos las entradas directamente en el teatro Municipal, donde nunca nos avisaron que se trataba de vouchers no válidos para entrar a la función. Eran como unas rifas de colegio o vales de verbena, es cierto, pero en ninguna parte aclaraban que había que canjearlos por las entradas reales. Resultado: una hora de cola al llegar al teatro.
Pero lo malo no terminó allí: la falta de un sistema automatizado de venta de boletos hizo que los asientos numerados fueran un saludo a la bandera, y que al final nos reubicaran porque “hubo un problema con los asientos y no podemos darles los que les habíamos prometido”. Hubo mucho malestar entre los asistentes, pero nadie se atrevió a hacer un escándalo porque, al fin y al cabo, ya estábamos a punto de ver a Andrés López (poco antes de la función, hasta conseguimos que nos ubicaran en mejores asientos, pero a mucha gente le tocó sentarse en los incomodísimos balcones laterales).
Empiezo por lo malo, que es poco, para olvidarlo pronto:
* Aunque en el teatro te advertían que las fotos debían tomarse sin flash (lo que te hacía suponer que se podían tomar fotos), al comenzar la función te hacían saber que NO se podían tomar fotos de ninguna clase. Los guías del teatro te apuntaban un haz de luz muy molesto a la cara y con expresión de pocos amigos te decían: no, no, no. Hubiese sido mejor que anunciaran claramente la prohibición antes de comenzar la función.
* La espera por la confusión de los boletos hizo dura la jornada para los mayores… El espectáculo dura casi 3 horas, una de las cuales (la de la fila de entrada) transcurrió de pie, y eso era muy incómodo para los viejitos. Al final, muchas señoras estaban molidas y no pudieron disfrutar del espectáculo.
* La falta de información pre-show fue molesta. Nadie sabía nada. Nadie podía informar.
Ahora, lo bueno:
* Fuera de la gente de las linternas, los guías del teatro eran amables, y el Municipal está de lo más bonito.
* Andrés López hizo un gran esfuerzo por darle la vuelta a algunas cosas porque, aunque hay cercanía entre países, hay cosas que no se entienden del todo sin traducción y él tuvo la delicadeza de incluir menciones a La Guaira, la isla de Margarita (le decía “Isla Margarita”), los cocosettes y los bolívares fuertes tantas veces como pudo. Saltó detalles como el “paseo millonario” que algunos no sabían que se trataba del “secuestro express”.
* López reforzó la hermandad entre nuestros países, y llegó a decir en más de 10 ocasiones, con tono complice, que somos “hermanitos” mientras juntaba (cabeza a cabeza) los dedos índices.
* Mostró una familiaridad y alegría que a cualquiera le sacaban una sonrisa, más allá de las ocurrencias del guión.
* Adiciones y actualizaciones importantes en el guión te sorprenden y te matan de risa, desde las canciones (¿Esos son Reebok o son Nike? al ritmo de This is the rythm of the night), hasta la graciosísima explicación de un padre/tío comprando un Ipod…
Obviamente el ritmo no es el mismo del DVD, porque hay que suponer que la versión que grabaron para una de esas presentaciones impecables (o incluso varias) y hay que recordar tambien que no todas las presentaciones son iguales… Pero es que uno lo ha visto tanto que tienes las expectativa de ver todo tal cual como lo recuerdas.
Además, faltaron muchos momentos clásicos y divinos (como el “dvd/lililili”), pero que se vieron compensados de sobra con lo nuevo (como la piscina de botones de la madre o el hijo de Luz Marina) y, especialmente, con la buena disposición, ánimo y ángel de Andrés López.
En general, un espectáculo memorable. Estará desde el 6 hasta el 22 de junio. Mi recomendación: hay que ir a verlo.
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